Me
encuentro en una habitación oscura, me quedan pocas balas y perdí mi cuchillo.
Tengo miedo, Pyramid Head me busca y
tiene sed de mi sangre. Intento buscar una salida cuando escucho un rugido.
“Mierda,
me encontró” me digo, mientras apunto la pistola a la nada; igual el monstruo
me mata partiéndome en dos con su espada.
Frustrado,
lancé el control del Play Station lejos
de mí; con “Silent Hill: The Room” no
hay manera, no puedo superar ese nivel sin que Pyramid Head me mate primero. Me levanto del sofá y me dirijo a mi
estudio para comenzar a trabajar. Aún trabajando pienso en una nueva estrategia
para liquidar al bicho: “El cuchillo lo pierdo, lo quiera o no, y sólo si supero
el nivel me darán más bala. No puedo correr y no me dan luz…” Y así me dejo
sumergir por mis pensamientos buscando una salida, mientras golpeo
frenéticamente el teclado de mi computadora.
Sólo
el sonido del timbre de mi casa puede
hacer que emerja de mis pensamientos. Salgo del estudio, más frustrado aún casi
había descubierto la forma de vencer el nivel. Al abrir la puerta, no veo a
nadie sólo una caja mediana. “Una caja sola…un personaje solitario...comienzo
perfecto para un videojuego de terror”, pienso sonriéndome a mí mismo.
Agarro
la caja y la abro, descubriendo con sorpresa que albergaba en su interior algo
inesperado e impensable: ¡un corazón humano! , debía ser una broma, lo
toqué y se sentía tan real, tanto que
sin previo aviso comenzó a latir tímidamente. Dejé caer la caja, asustado, no podía ser verdad,
un corazón en una caja no podía latir.
-Debo
estar soñando, o tal vez, trabajé mucho últimamente,
esto no puede ser real- dije intentando calmarme, mas era real; un corazón
humano latía despreocupadamente dentro de una caja.
No
entendí por qué volví a agarrar la caja y entré
a mi casa, lo coloqué en la mesa de la sala y me senté en el sofá.
Estuve hora y media observándolo, el corazón latió durante todo ese tiempo y yo
analizaba todas las posibilidades: podía estar soñando, podía ser una broma,
por último pensé que debía ser una maldición que me fue impuesta sin darme
cuenta. Luego de darle mil y una vueltas, decidí devolverlo a las oficinas de
envío.
Debía
salir, mas cuando aquel pensamiento pasó por mi mente todo mi cuerpo se
paralizó. “Tranquilo, será rápido… solo lo devolverás y vuelves a casa”, dije
para mí mismo intentando calmarme. Vivir en Caracas es peligroso, gracias a
esto desarrolle una paranoia, encerrándome en mi propia casa.
“Bótalo,
deshazte de él, de esa manera no tendrías que salir” dijo una voz en mi mente.
Negué con la cabeza. No, en la oficina sabrían qué hacer con la caja, debo
vencer mi paranoia esta vez.
Salí
de mi departamento, con la caja y con miedo. Vivo en el sudeste de Caracas, por
Prados del Este, entonces debía tomar un carrito para ir a Chacaíto, ahí había
una de las oficinas. El carrito estaba repleto y sonaba una “salsa brava”,
miraba a todos lados, creyendo que así
no me robarían o matarían; sin entender que parecía un completo loco.
Al
llegar a Chacaíto me lleve la sorpresa de que estaban remodelando las oficinas,
la otra sucursal de las oficinas de envío se encontraba en el centro, es decir,
debía tomar el metro. Por todo el cuerpo me recorrió un escalofrío, pero
entonces sentí los latidos de la caja, no debía rendirme aún no.
Sacando
la poca valentía que tenía, me adentré en la cueva de aquel gusano subterráneo
que dividía la ciudad. Compré mi boleto y agarré dirección Propatria, sintiendo
las miradas curiosas de las personas a mi alrededor. El corazón latía con tal
fuerza que se escuchaba como un tambor. Y en el vagón fue peor: con cada
estación que pasamos latía con más fuerza y rapidez, haciendo un ruido más
evidente y sonoro, con ello más ojos curiosos que deseaban saber el producto de
aquel sonido. Los nervios me estaban matando internamente.
Pero
luego de Bellas Artes el palpitar se detuvo, sin ninguna explicación. Me puse
ansioso, en la estación anterior latió como si no hubiera mañana y se paró de
repente. Algo en mí decía que debía volver a la estación anterior, a Bellas
Artes, pero antes de que yo analizara esa posibilidad mis pies se dirigieron
hacia el andén. Cambié de dirección y me bajé en Bellas Artes donde el corazón
volvió a latir.
“Está
bien, guíame”, pensé mientras intentaba entender la razón del latir de la caja. Por ensayo y
error, entendí que el corazón deseaba llevarme al Parque los Caobos. Mi mente
estaba repleta de preguntas sin respuesta, mas deseaba saber por qué iba a
donde el corazón latía más.
El
corazón comenzó a debilitarse hasta que se detuvo completamente, levanté la vista
de la caja y entonces la vi: Aquella chica de mi juventud, mi primer y único
amor, sentada en un banco leyendo un libro.
Me
acerqué a ella y me sonrió…
En Silent Hill The Room no sale Pyramid Head
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