Las mujeres de hoy en día, por cuestión de moda o de sociedad, se acomplejan de su propio aspecto físico; se meten a hacer ejercicio, dietas y gastan mucho dinero en cremas y maquillaje. Hay algunas que se operan o se hacen una liposucción. Obvio que todas queremos vernos bonitas, pero muchas veces esos modelos de belleza no pueden adaptarse a todos los tipos de mujer.
Yo aprendí eso por las malas, como he aprendido casi todo hasta ahora. Durante una época de mi vida, quise parecerme a las modelos de las pasarelas. Para ese entonces, era un poco gorda, y comencé a hacer dieta y ejercicio, pero cada vez que me veía en el espejo, me veía igual aunque la báscula me decía lo contrario.
Empecé a comer menos y hacer más ejercicio, sin embargo aun me veía igual, así que hice un intento desesperado: Me metí los dedos en la garganta para vomitar todo lo que comía, lo cual, no es bueno para la salud. Con vomitar y hacer ejercicio de forma un tanto extrema, llegué al punto de desmayarme.
Creo que soy inmortal, porque tengo dos intentos de suicidios, antecedentes de bulímica, y sigo viva. El médico que me vio en el hospital me explicó que yo jamás podría verme como las modelos por mi contextura ósea.
Luego de que me dijeron eso me sentí muy triste, mi única meta era verme como una modelo, pero poco a poco, y un poco de ayuda de una psicóloga, entendí que soy bonita aun siendo un poco rellenita.
La moraleja: Está bien que te quieras ver bonita y saludable, pero no llegues a ese punto de querer cambiar todo lo físico de ti porque muchas desean lo que tú tienes, mientras tú deseas el prototipo de la sociedad. Maquíllate, haz ejercicio, ponte a dieta, pero no busques moldearte a algo que no eres.
Todas las mujeres son bellas, siendo como son, con o sin maquillaje, flacas o con unos gramos de más. Además, lo exterior no es lo importante, sino esa personalidad que combina con tu alma.
La belleza física es algo efímero, mientras que la personalidad dura para siempre.