Me escapé de casa.
Estaba harta de toda mi vida; quería cambiar, asombrarme o al menos volver a
sentir… Agarré un bolso y metí lo necesario: un libro, un cuaderno, un
bolígrafo, un termo, un poco de plata y un suéter. Sin mucha explicación a mis
padres, me fui; tampoco me detuvieron, ellos lo presentían y entendían que
necesitaba irme.
Era muy temprano y no
tenía lugar claro a donde ir, tomé el primer carrito a Chacaíto y me senté al
fondo. Estuve distraída hasta que vi el Ávila, me recordó a ti y sonreí.
-Las señoritas
bonitas deberían sonreír siempre.- me dijo un señor mayor a mi lado.
-Gracias.- respondí
ofreciéndole una de mis sonrisas tímidas y el rubor de mis mejillas.
Me bajé en Chacaíto,
caminé hasta Sabana Grande; admiré aquel boulevard que aún siendo inseguro,
pareciera estar detenido en el tiempo. Entonces te vi, entrando a Pan 900 y emocionada
te seguí, pero era un espejismo.
Pedí una quesadilla y
seguí adelante. Tomé un autobús de los que atraviesan de punta a punta Caracas,
y admiré aquella ciudad llena de contraste, tan única. Me bajé en la plaza “Las Tres Gracias” y volviste a aparecer.
Esta vez te volteaste a verme y sonreíste.
Entraste a la Central
y te seguí corriendo hasta Tierra de Nadie. Estabas sentado leyendo un libro,
subiste la mirada y volviste a sonreír antes de volver a desaparecer. Cansada
me acosté en donde te habías sentado, respiré profundo y los recuerdos
comenzaron a aparecer.
Recordé la primera
vez que vinimos a la UCV, yo apenas tenía 7 años y quería dejar de estudiar.
Entonces me trajiste para que viera cómo dabas clases. Quien lo diría, eso me
haría volver a estudiar. Sirvió para que algún día llegara a la universidad y tú
me dieras clases. Además me mostraste la biblioteca y me quedé sin palabras: el
vitral de la entrada y los millones de libros… Fue algo mágico…Sólo si
estuvieras aquí…
Me paré y salí
corriendo de la universidad, escapando de tu recuerdo…Pero no pude, ahí estabas otra vez…
“Nunca olvides una
cosa: las grandes personas han tenido que aprender y tú, mi querida nieta, estás
destinada a ser una gran persona, sólo debes estudiar más…Nunca lo olvides”. Me
dijiste antes de voltearte, mezclándote entre la gente.
-Nono…-me quedé
paralizada al escuchar tu voz.- ¡Nono! ¡Nono, espera!
Me metí en el metro
siguiéndote, pero otra vez te perdí. Ya no soporté más y lloré
desconsoladamente… Entonces entendí y me reí, estaba volviendo a sentir. No me
sentía vacía.
-¿Chama estás bien?-
me preguntó un chico con cara de preocupación, debió pensar que estaba loca.
-Si…Disculpa - y
sonreí de manera amable- En realidad quería decirle que acababa de encontrarme…que
después de la muerte de mi abuelo me perdí…y que sólo estaba feliz de estar de
vuelta, que me gustaron sus ojos y su voz, que tranquilo que no estoy loca…Pero
mi timidez y mi próxima parada, lo impidieron.
…
Me dirigí a la tumba
de mi nono con un ramo de flores, girasoles, sus favoritos. Me agaché y sonreí
ligeramente, conteniendo las lágrimas.
“Aquí descansan los restos mortales de Jesús José Malavé Blanco, amado
esposo, dedicado padre, amoroso abuelo y gran amigo”